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martes, 18 de diciembre de 2012

Masacre de mujeres y niños en el caserío La Fe


Caso ilustrativo No. 7
Masacre de mujeres y niños en el caserío La Fe

“…equivocamos el pensamiento pensando en el respeto a las mujeres y a los patojos por parte del Ejército…”

I. ANTECEDENTES
En 1981 la población del caserío La Fe, aldea Pujujil II, municipio de Sololá, compuesta casi en su totalidad por campesinos maya kaqchiquel, sufría una situación de graves carencias materiales y de discriminación: no contaba con camino, centro de salud, escuela, agua potable ni luz eléctrica; los campesinos no eran bien recibidos en el hospital o el Juzgado de Sololá y cuando por temporadas se trasladaban a la costa, su trabajo era mal remunerado. Estas circunstancias pueden explicar que la población atendiera el mensaje del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), organización guerrillera que, en palabras de un testigo, “organizó a la gente, [que] se involucró porque vieron que la gente no era tomada en cuenta”. A la vez, el mismo testigo sostiene que algunas personas de la comunidad se relacionaron con la insurgencia por temor: “Si no te organizas, le matan a uno”.
Ese mismo año el EGP realizó algunos sabotajes en la carretera Panamericana, cerca de la entrada al caserío La Fe. El Ejército reaccionó acentuando su presencia en la zona; por ejemplo, creando un nuevo destacamento en Chupol, Chichicastenango y hostilizando a los habitantes de los caseríos situados en la orilla de la carretera. La zona se convirtió en un escenario de guerra. El EGP estableció en La Fe un campamento con cerca de 32 integrantes y organizó a la población en las denominadas “Fuerzas Irregulares Locales” (FIL) y en un “Comité Clandestino Local” (CCL), para que brindara a los combatientes apoyo logístico, como preparar comida y lavar ropa.
El día 28 de octubre de 1981 miembros del EGP, acompañados por integrantes de las FIL de la aldea Pujujil, vestidos con traje típico sololateco, salieron de La Fe y ocuparon durante algunas horas la ciudad de Sololá, la cabecera departamental. Posteriormente, regresaron en un bus y en una camioneta que dejaron abandonados en la carretera. Esta fue la primera incursión del EGP en Sololá.
Con posterioridad a la ocupación de Sololá el CCL del caserío La Fe, sobre la base de la capacitación dada previamente por la guerrilla, instaló en cada entrada del caserío grupos de vigilancia de cuatro a cinco personas, denominados “postas”, con la finalidad de avisar a la población de la presencia militar y, en tal circunstancia, darle tiempo para huir al monte. Del mismo modo, los CCL del área orientaron a las personas que vivían cerca de la carretera, para que se trasladaran al caserío La Fe en caso de producirse movimientos del Ejército.

II. LOS HECHOS
A las tres de la tarde del 18 de diciembre de 1981 bajaron de varios camiones estacionados en la carretera 150 soldados y entraron al caserío La Fe divididos en tres grupos. Llevaban amarrado a un hombre que hacía dos semanas había estado presente en una reunión celebrada por el EGP en una casa ubicada en una de las colinas circundantes.
Cuando los “postas” divisaron a los soldados, dieron la señal y los hombres huyeron al monte. Las mujeres y los niños se quedaron en sus casas, porque el líder del CCL no consideró necesario que salieran, pues muchas madres tenían niños pequeños y, además, según se consideró, hasta ese momento la represión ejercida por el Ejército se había dirigido sólo a varones.
Los soldados se dirigieron hacia dos casas vecinas, en una de las cuales se había realizado la reunión del EGP. Congregaron a las mujeres y niños que encontraron alrededor. Inmediatamente, tiraron a las mujeres al suelo y comenzaron a machetear sus cuerpos. Una de ellas fue también violada. Un niño sobreviviente atestigua: “Con unos machetes las pegaron en la cabeza y sale su seso gritando mucho”. Después, metieron a los niños en las casas y tiraron dentro los cuerpos de las mujeres. Allí, ametrallaron a mujeres y niños. Otros soldados que habían ido a cortar ramas, las colocaron alrededor de las dos casas y prendieron fuego a todo, quemando a la gente y todas sus pertenencias. Mientras lo hacían, varias víctimas estaban aún con vida.
Los hombres que estaban refugiados en los cerros alrededor de La Fe escucharon los disparos y después vieron el humo. Como a las seis y media de la tarde, cuando ya había oscurecido, los efectivos del Ejército se retiraron.
Al día siguiente, algunos de los hombres regresaron y encontraron los cadáveres de sus familiares, esposas, niños y hermanas dentro de las habitaciones. Tres de éstos estaban quemados por completo, encontrándose sólo cenizas y algunos huesos. Una cuarta habitación, por tener láminas, no fue consumida totalmente por el fuego. Un testigo, al ver el cadáver de su esposa, corroboró que “tenía el cráneo partido a machete y además su cuerpo fue quemado”.
Tres niños sobrevivieron. Uno de ellos se encontraba en un árbol cuando llegó el Ejército y se quedó ahí escondido; hasta el día de hoy sigue traumatizado y no quiere hablar sobre la masacre. Otro niño se refugió en un pequeño túnel abierto en el patio de una de las viviendas. El tercer sobreviviente, una niña de apenas tres semanas, fue hallada junto al cuerpo de su madre, pero murió poco tiempo después, por falta de atención.
Familiares y vecinos recogieron los restos humanos y les dieron sepultura en dos grupos, uno debajo de cada una de las dos casas. Ahora el maíz crece encima de ellos, “se dice que la milpa es más bonita donde están enterradas” y todavía hoy se encuentran cenizas y huesos en la tierra de aquellas dos casas.
En total murieron 11 mujeres y 23 niños.

III. CONCLUSIONES
La CEH, considerando todos los antecedentes reunidos mediante testimonios directos y otras fuentes, ha llegado a la convicción de que las 11 mujeres y los 23 niños muertos en La Fe fueron ejecutados por efectivos del Ejército de Guatemala, constituyendo su muerte una violación del derecho a la vida y a la integridad física y moral cuya responsabilidad recae sobre agentes estatales.
La colaboración que la población pudo haber prestado a la guerrilla no otorga justificación jurídica ni ética a este crimen.
La CEH considera que esta masacre es ilustrativa de los extremos a que condujo la identificación como enemigo de aquella población civil que prestaba apoyo a la guerrilla. En efecto, la alevosía con que fueron tratadas las víctimas no tiene parangón siquiera con aquella violencia que, legítimamente, se puede utilizar en combate contra un enemigo armado.
La CEH considera que de la circunstancia de que todas las víctimas fueran mujeres y niños indefensos, plenamente conocida por los autores, se desprende que el principal objetivo concebible de esta masacre fue la eliminación de la comunidad de que éstos formaban parte.

LISTADO DE LAS VÍCTIMAS
Ejecución arbitraria
Alejandro Bocel Tuy
Andrés Chipin Ixcaya
Bartola Pecher Panjoj
Carlos Ixcaya Samines
Carlos Ixcaya Samines
Diega Pecher Panjoj
Felipe Chipin Ixcaya
Francisca Ixcaya Pecher
Isabela Bocel Tuy
José Bocel Pecher
Josefa Tuy
Juana Sicajau Yaxon
Julia Quieju Samines
Juliana Ixcaya Julajuj
Juliana Sicajau Yaxon
Marcela Ixcaya Sicajau
María Ixcaya Pecher
María Velasques Tul
Mario Bocel Sicajau
Martina Pecher Panjoj
Matea Bocel Sicajau
Nicolás Yaxon Ixcaya
Pedro Ixcaya Pecher
Pedro Ixcaya Pecher
Rosa Pecher Panjoj
Rosario Yaxon Xep
Santa Ixcaya Pecher
Santiago Ixcaya Samines
Santos Samines Ajcalon
Teresa Ixcaya Sicajau
Tomás Bocel Tuy
Ixcayá Pecher
Pecher Velásquez
Yaxón Ixcayá

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