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miércoles, 27 de junio de 2012

Masacre de pobladores maya de Babeltzap en San Carlos Las Brisas


Caso ilustrativo No. 83
Masacre de pobladores maya de Babeltzap en San Carlos Las Brisas
“Pensábamos morir por tanto dolor en nuestro corazón. Todavía cuando hablo de estos acontecimientos siento mucha tristeza y me da ganas de llorar”.

I. ANTECEDENTES
Babeltzap es un caserío habitado por indígenas maya q’anjob’al, ubicado a treinta minutos al este de la cabecera municipal de Barillas, departamento de Huehuetenango.
A mediados de 1981 el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) desarrollaba una campaña de concienciación política en el caserío. Como parte de ésta, la guerrilla efectuó varias reuniones y muchos pobladores se integraron en las organizaciones del EGP. En el curso de una de las reuniones tres personas fueron nombradas “representantes” del caserío. Al parecer, otros se desempeñaron como combatientes en las filas del EGP. El resto de la población pasó a desempeñar diferentes tareas logísticas, tales como cocinar y entregar alimentos al campamento guerrillero, que quedaba a unas cinco horas a pie desde Babeltzap.
Mientras desarrollaba su la labor política el EGP realizó sabotajes alrededor de la cabecera municipal de Barillas.
El 15 de junio de 1982 un pelotón del destacamento del Ejército se presentó en la aldea La Palestina, vecina a Babeltzap, para organizar en varias comunidades del municipio Patrullas de Autodefensa Civil (PAC). A partir de ese momento, todos los hombres de las aldeas concernidas debieron patrullar, custodiando la aldea y participando en rastreos. Algunas patrullas, consideradas por el Ejército como confiables, recibieron del destacamento de Barillas fusiles de asalto Máuser y M1.
Sobre la tercera semana de junio dos guerrilleros visitaron a los tres representantes del EGP en la comunidad y les preguntaron dónde podían conseguir armas y dinero. Uno de los representantes de Babeltzap condujo a los guerrilleros al cantón San Felipe, donde entraron, a la fuerza, en tres casas. Robaron las armas y el dinero que encontraron y golpearon a los dueños. Al día siguiente, las víctimas de los guerrilleros se presentaron en el destacamento de Barillas y denunciaron lo sucedido. Aseguraron que los vecinos de Babeltzap eran guerrilleros. Entregaron una lista con diez nombres de personas de esta comunidad que supuestamente pertenecían a la insurgencia. De ellos, sólo uno era combatiente.

II. LOS HECHOS
El 27 de junio de 1982, a las tres de la mañana, las PAC de El Recreo, La Palestina, San Carlos Las Brisas y Brisas Grande recibieron orden del destacamento de Barillas: salir, de inmediato, en rastreo planteado para el apresamiento de guerrilleros. La mayoría de los patrulleros de las diferentes aldeas se dirigieron primero al cantón San Felipe y posteriormente a San Carlos Las Brisas. Entre tanto, el comisionado militar de San Carlos Las Brisas acompañó a una patrulla militar que se dirigió a Babeltzap, para detener a los guerrilleros que constaban en la lista.
A las seis de la mañana, miembros del Ejército informaron a los patrulleros que se había capturado a diez guerrilleros procedentes de Babeltzap, trasladados a continuación al destacamento militar de Barillas. Ordenaron, además, que los jefes de patrullas se presentaran en dicho destacamento.
En las instalaciones militares los detenidos fueron torturados e interrogados. Un testigo de los hechos manifiesta: “Yo ví que estaban sangrando y que los habían golpeado fuerte. Afuera siguieron golpeando a los diez señores y les hicieron muchas preguntas. Después los pusieron en el calabozo”.
A eso de las once y media de la mañana uno de los detenidos logró escapar del destacamento y a poca distancia saltó desde un puente hacia el río, corrió a través del cauce hasta llegar a otro puente y subió otra vez a la calle. Los soldados le perseguían gritando: “Allí va un guerrillero, agárrenlo”. Al escuchar los gritos, muchos vecinos de Barillas empezaron a perseguir al fugitivo y a tirarle piedras. Consiguieron rodearlo, lo atraparon y golpearon, causándole graves heridas. Luego intervinieron los soldados y lo llevaron de nuevo al destacamento. La víctima exclamó: “Entrego mi vida en sus manos. Soy inocente”.
Al mediodía, los soldados sacaron a los diez presos del calabozo y los pusieron delante de los patrulleros, los comisionados militares y otros soldados. El teniente a cargo del mandó manifestó: “Por la culpa de ellos ustedes tienen que patrullar y sufrir” y preguntó: “¿Ahora qué quieren ustedes que hagamos con estos pisados?”  El teniente decidió que los patrulleros y los comisionados militares condujeran a los diez presuntos guerrilleros a San Carlos Las Brisas, mientras que él se adelantaba en un vehículo. Antes de partir, el teniente ordenó: “Llévense los pisados, pero hay que golpearlos fuerte en el camino”. Más de 100 patrulleros y comisionados militares cumplieron su orden. Trasladaron a los detenidos, a los que golpearon y patearon a lo largo del camino.
Alrededor de las tres de la tarde llegaron a San Carlos Las Brisas. Allí se encontraban también miembros de la comunidad de Babeltzap. Estos habían recibido la orden de presentarse para celebrar una reunión, debiendo portar sus machetes, palas, azadones y cédulas.
El teniente ordenó a su gente que rodearan a los vecinos de Babeltzap, quienes tenían que mostrar sus cédulas al teniente, mientras los soldados les pegaban. A los que no tenían cédulas o las mostraban en mal estado, les acusaban de guerrilleros y les golpeaban más duro. Luego, les obligaron a salir de San Carlos Las Brisas. Una de las personas de la comunidad de Babeltzap cuenta:
“Tardamos un buen rato en San Carlos y por fin nos obligaron de salir. Queríamos quedar para ver qué iba a suceder porque tenían presos a diez hombres de nuestra comunidad. Uno era mi hermano. Pero a los que no salieron rápido, les propinaron patadas y incluso amenazaron de dispararlos. Por eso corrimos y por miedo nos escondimos en el monte”.
Después de la salida de las personas, el teniente obligó a los diez presuntos guerrilleros a formarse en una fila y dispuso la ejecución. Un testigo directo recuerda al teniente diciendo: “Ahora necesitamos 30 personas, quienes estarán encargados de disparar a los pisados: 20 soldados, diez civiles, más yo”. El teniente escogió a las 30 personas, que se alinearon y, una por una, fusilaron a las víctimas. El mismo declarante detalla:
“En cada caso el teniente contaba, ‘uno, dos, tres’ y luego todos tenían que disparar contra quien le tocaba el turno en la fila. Uno de ellos, al esperar su turno, hincó la rodilla y mientras que estaba llorando empezó a rezar diciendo: ‘saber por qué yo tengo que morir ahora. Soy inocente’ Entonces se enojó mucho el teniente. Dijo: ‘¿Por qué este pisado me está maldiciendo con su oración? Ahora acabamos con el pisado’ y dio orden que le pusieran una arma en la boca y que le dispararan”.
Después que hubieran ejecutado a todos los prisioneros, el teniente dijo: “Ahora estamos cansados. Por culpa de ellos ustedes tienen que patrullar para poder matar tantos pisados, y estos pisados no quieren morir”. Tres de los fusilados parecían estar con vida aún, por lo que unos soldados recibieron la orden de darles el tiro de gracia. Sobre las cuatro y media de la tarde, los diez detenidos estaban ya muertos.
No conforme con la muerte de las víctimas, el teniente ordenó a los soldados, patrulleros y comisionados que mutilaran los cadáveres: “Para terminar, ahora vamos a hacer los pisados picadillo. Ustedes tienen que hacerlo, porque yo ya estoy cansado de matar tantos pisados”. Entonces, sus subordinados machetearon los cuerpos, dejándolos en pedazos. La orden quedó cumplida.
Más tarde el militar a cargo reunió a su gente y les preguntó: “¿Y qué sintieron ustedes? … Ahora experimentaron un valor para el futuro para matar pisados. Es un alcance. Ya saben ustedes que también pueden ser como soldados”.
Mientras los perros comenzaban a devorar los restos de los ejecutados, los militares cavaron un hoyo detrás de la escuela de San Carlos Las Brisas. Ahí enterraron a los difuntos. Uno de los presentes cuenta: “Para juntar los pedazos de los cadáveres prestamos palas, azadones y machetes y los tiramos en el hoyo. Tiramos sus cédulas encima, después tierra para cubrir el hoyo”. Eran las seis de la tarde. El teniente ordenó a los patrulleros que se quedaran para vigilar la fosa y los amenazó de muerte si se retiraban.

III. DESPUÉS DE LOS HECHOS
Tras esta masacre, la mayoría de la población de Babeltzap huyó y se escondió en la montaña.
El 2 de julio, a cinco días de los hechos, un pelotón de soldados del destacamento de Barillas arrasó el caserío de Babeltzap. Quemaron las casas, las siembras, los animales y todas las pertenencias de la gente. Sólo encontraron a un miembro de la comunidad, a quien detuvieron e hicieron desaparecer. Según supieron más tarde algunos vecinos, lo habrían fusilado en el destacamento militar.
La comunidad de Babeltzap sobrevivió al dolor y a las condiciones de vida del desplazamiento. Uno de sus vecinos cuenta: “Estos tiempos sufrimos mucho de hambre, sed, frío y enfermedades. Pensábamos morir por tanto dolor en nuestro corazón. Todavía cuando hablo de estos acontecimientos siento mucha tristeza y me da ganas de llorar”.
Entre junio y julio de 1982 el Ejército arrasó varias comunidades que se ubican alrededor de la cabecera municipal de Barillas, departamento de Huehuetenango: San Mateo, San Miguel, Ballí, Quiquil, Puente Alto, Cananá.
El 19 de diciembre de 1997 la Comisión solicitó al ministro de la Defensa Nacional información relativa a la masacre de diez patrulleros de Babeltzap, ocurrida en San Carlos Las Brisas. En la respuesta dada por dicho ministro, el día 5 de enero de 1998, “…niega rotundamente su responsabilidad, por no ser política operacional institucional…” Sin embargo, agrega: “…que no obran en los archivos de la Institución Armada registros relacionados con los hechos mencionados…

IV. CONCLUSIONES
Estudiados los antecedentes del caso, la CEH llegó a la convicción de que diez habitantes indefensos del caserío Babeltzap, fueron ejecutados arbitrariamente por efectivos del Ejército de Guatemala y por miembros de las patrullas de autodefensa civil que actuaron bajo su dirección. El hecho constituye una grave violación del derecho a la vida.
También, la CEH llegó a la convicción de que numerosos pobladores de Babeltzap, congregados por orden del Ejército en San Carlos Las Brisas, fueron sometidos a tratos crueles, inhumanos o degradantes, en violación de su derecho a la integridad personal.
La CEH está convencida, asimismo, de que el 2 de julio de 1982 los soldados atacaron indiscriminadamente bienes civiles de la comunidad de Babeltzap, arrasando la aldea, obligando a los pobladores a desplazarse hacia la montaña y generando condiciones de vida que pudieron acarrear su muerte. Como consecuencia de los sucesos de este día, miembros del Ejército detuvieron e hicieron desaparecer a un miembro de la comunidad.
La CEH considera que la ejecución de las diez personas y su posterior mutilación constituyen actos que ilustran el menosprecio por la dignidad humana que inspiró el castigo ejemplar de quienes eran considerados guerrilleros.
Al analizar el conjunto de la operaciones militares, la CEH llegó a la conclusión de que, en la masacre contra los pobladores de Babeltzap, los efectivos del Ejército tuvieron la intención de eliminar a la comunidad mediante los hechos mismos que constituyeron la masacre del 27 de junio, la quema de las casas, las siembras, animales y otras pertenencias, y por la constante persecución de los desplazados. Todos estos hechos, evidencian la intención del Ejército de destruir total o parcialmente a dicha comunidad, lo que otorga al conjunto de estos actos un carácter genocida.

LISTADO DE LAS VÍCTIMAS

Ejecución arbitraria, torturas, privación de libertad
Diego Domingo Felipe
Francisco de Francisco
Mateo Delgado
Mateo Delgado Sebastián
Mateo Sebastián
Pedro Francisco
Pedro Juan
Pedro Sebastián Diego
Sebastián Diego
Simón Pablo Pedro

Víctimas colectivas/desconocidas: 2

Fuente: CEH, Guatemala memoria del silencio.

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