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domingo, 17 de junio de 2012

Ejecuciones, tortura y desplazamiento forzado en la ribera del río Isumacinta, Petén


Caso ilustrativo No. 1
Ejecuciones, tortura y desplazamiento forzado en la ribera del río Isumacinta, Petén

“Me estuvieron pegando toda la noche, me preguntaban por un guerrillero y yo les dije que no lo conocía; no podía mal informarlos como lo habían malinformado sobre nosotros, y me volvían a dar culatazos”.

I. ANTECEDENTES
A finales de los años sesenta comenzó un proceso de colonización en las riberas del río Usumacinta, que es la frontera del departamento de Petén con México. La gente, que llegaba de todos los rincones de Guatemala al área del municipio La Libertad en busca de tierras, se organizó en varias cooperativas, entre ellas Bethel, Las Palmas, Buena Fe, El Arbolito, Flor de la Esperanza, Bella Guatemala, Bonanza, Ixmucané y La Técnica.
En la década de los setenta las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR) comenzaron a realizar tareas de propaganda y organización entre la gente de esas cooperativas. Su éxito fue parcial pero importante, llegando a contar con un buen número de simpatizantes y colaboradores.
En 1981 cuando aún las FAR no habían iniciado campaña militar alguna en esta zona, ocurrieron dos hechos que permitieron al Ejército conocer la existencia de esas bases de apoyo social a la guerrilla y también la identidad de los máximos líderes de las FAR en el área. El primero fue la captura del “comandante Felipe” del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), en el departamento de Alta Verapaz, quien portaba documentos que contenían información militar y organizativa sobre las FAR en el departamento de Petén, incluyendo nombres de sus integrantes. El segundo hecho fue la captura en la ciudad capital, también por el Ejército, de dos miembros de la cooperativa El Arbolito que se aprestaban a viajar a Cuba, enviados por las FAR, para recibir capacitación política y militar.
En el mes de junio de ese año, unos dos kilómetros al norte de la comunidad de Vista Hermosa, cercana a la cooperativa El Arbolito, el Ejército instaló un destacamento compuesto por cuatro pelotones de soldados. Además, militares disfrazados de compradores de cerdos comenzaron a llegar a las cooperativas de forma ocasional, pasando las noches platicando con la gente con la finalidad de informarse sobre la población.

II. LOS HECHOS
La campaña del Ejército
El 16 de junio de 1981 efectivos del Ejército partieron del destacamento militar y recorrieron varias cooperativas. Al llegar a la cooperativa Bella Guatemala pintaron en la escuela la consigna “Vivan las FAR”. La investigación realizada por la CEH permite afirmar, con certeza, que los soldados iban disfrazados de guerrilleros. Los soldados conducían a un hombre capturado la noche anterior en la cooperativa Flor de la Esperanza. De este hombre nunca se tuvo más noticia en su comunidad, cuyos habitantes afirmaron haber encontrado manchas de sangre en su casa con posterioridad a su desaparición.
Al día siguiente, en horas de la mañana, otros dos pelotones de soldados vestidos de civil salieron del destacamento. Una persona de la cooperativa El Arbolito que iba camino a Vista Hermosa se encontró con ellos y fue capturada; una segunda persona lo fue más tarde, esa misma mañana. Un capturado, sobreviviente, manifestó a la CEH: “Yo vi hombres vestidos de civil, pero no vi que traían armas, se abrieron y yo pasé, no me hablaron, me dejaron pasar y sentí el golpe atrás de la cabeza, ahí estoy tirado, luego me pusieron el pie aquí en la espalda y el cañón aquí [el pecho]. Y entonces fueron a registrarme. Y yo les dije: ‘¿Qué es lo que quieren?’. Y empezaron a tratarme de ratero, de ladrón, de sinvergüenza, que yo era un guerrillero. Le digo yo: ‘¿Pero por qué?, si yo no estoy haciendo nada’. Y agarraron mi leche que llevaba y mi comida se la comieron, tiraron el arroz todo para el monte. Entonces ya me amarraron de los dos dedos y de las manos atrás. Al rato cayó Fausto Bravo [el segundo capturado]; lo mismo le hicieron. Le pegaron con machete, y sonaban los cuerazos en la espalda y le amarraron. Al rato oí que estaban amarrándolo y gritaba cuando le estaban pegando. Cuando me di cuenta, sí era el Ejército, pero todos iban vestidos de civil”.
Los efectivos se dividieron en dos pelotones, uno se orientó hacia El Arbolito y el otro marchó en dirección a la cooperativa Bonanza.
El pelotón que se dirigía a El Arbolito, que llevaba consigo a los dos capturados y a una persona encapuchada que habría sido aprehendida en la capital, se juntó con los soldados que habían estado el día anterior en la cooperativa Bella Guatemala. A las diez de la mañana entraron en dicho lugar disparando al aire. Más tarde, según los testimonios recogidos, aterrizó en El Arbolito un helicóptero del Ejército.
Los soldados obligaron a todos los habitantes a reunirse en la cancha de fútbol. Según relata un testigo: “Uno de los soldados entró a la escuela, cuando estaban estudiando los niños, y les preguntó: ‘¿Quién es la niña más grande aquí?, ¿Quién es?’, los niños se pusieron a llorar y salieron a la cancha de fútbol”.
Estando todos los habitantes reunidos en la cancha, la persona encapuchada fue señalando a ocho presuntos colaboradores de la guerrilla, que fueron detenidos y llevados por los soldados al destacamento militar. En el trayecto fueron golpeados con palos por los efectivos militares. Rumbo al destacamento encontraron a una persona que se dirigía a El Arbolito y ahí mismo le dieron muerte. Varias personas más fueron muertas por los soldados en el trayecto hacia Vista Hermosa. Los cadáveres quedaron expuestos en el camino. Un sobreviviente que pasó días después por el lugar atestiguó que no se aguantaba el mal olor en toda la zona y logró ver como a treinta cadáveres tirados en el camino. El estado de descomposición de los cuerpos impedía identificar a las víctimas, aunque algunos testigos presumen que eran trabajadores de una petrolera ubicada en el territorio fronterizo mexicano.
El pelotón que entró en la cooperativa Bonanza llegó gritando “Viva el ESA y mueran los guerrilleros”, ejecutó en el lugar a un número indeterminado de personas de la comunidad que pertenecían o colaboraban con las FAR.
“Masacraron en el mismo lugar a Pedro, Audelino y al teniente de las FAR, Vidal. Capturaron a otro teniente de las FAR, Cruz Sánchez, y otros de la misma comunidad tales como Faustino, Erazmo González y Luis”.
A Cruz Sánchez lo llevaron a la cooperativa La Técnica, para que identificara a sus compañeros, pero no encontraron a nadie porque la gente, ya avisada, había huido. Luego lo llevaron al destacamento militar, donde fue torturado y, probablemente, ejecutado. Un testigo presencial declaró a la CEH: “Me tocó junto con Cruz Sánchez ser torturados”.
Al destacamento militar llegaron aproximadamente otros veinte hombres capturados, que fueron arrojados en un pozo de lodo y sometidos a tortura. “Me pusieron una bolsa en la cabeza para asfixiarme, me golpearon a culatazos, no nos dieron nada de comer durante ocho días; habían personas que les puyaron los ojos con agujas y a algunos los gusanos les comieron los ojos y gritaban del dolor insoportable”.
Según un testigo ante la CEH, en esos días bajó de un helicóptero una alta autoridad militar, quien “…llegaba a observarnos en el lugar donde nos estaban torturando, y luego desaparecía de nosotros”.
Después de ocho días de cautiverio sólo cuatro hombres sobrevivieron y fueron liberados, bajo amenaza de muerte a ellos y sus familias en caso de que contaran lo ocurrido.
Durante las dos semanas en que se desarrolló esta operación, efectivos del Ejército también se hicieron presentes en la cooperativa Flor de la Esperanza, donde dieron muerte a siete personas, que fueron sepultadas por un sobreviviente en el cementerio de la comunidad.
Cuando, días más tarde, se retiró el destacamento militar, habitantes de la vecina comunidad Vista Hermosa fueron obligados por los soldados a amontonar y quemar los cadáveres que aún no habían sido sepultados. Según testimonios recibidos por la CEH, los cuerpos incinerados habrían sido sepultados en una parcela ubicada a 1700 metros de la comunidad, en la carretera a Bethel.

El desplazamiento y sus consecuencias
Antes del 16 de junio de 1981, conociendo la presencia del Ejército, cientos de personas del área habían huido a México, donde pidieron refugio. Inmediatamente después de ocurridos los sucesos narrados, todos los habitantes de la comunidad de Ixmucané, afectados por el terror, decidieron buscar asilo en el país vecino. Más tarde los siguió la mayoría de la población de las otras comunidades.
Como las autoridades mexicanas obligaron al primer grupo a regresar a Guatemala, a través de la selva de Lacandón, la dirigencia política de las FAR realizó gestiones para procurar que el Gobierno de México acogiera a estos guatemaltecos como refugiados.
“…Las primeras pruebas que presentamos al Gobierno mexicano fueron los sobrevivientes de la masacre de la cooperativa El Arbolito, horas después que el Ejército los liberó. Las señales de torturas que presentaban los sobrevivientes conmocionaron a las autoridades de ese país, declarando a las primeras cuatro personas como asilados políticos. Este proceso de asilo político fue acompañado por una campaña de prensa. Los cuatro sobrevivientes sirvieron para los demás refugiados como fuentes para poder ingresar en calidad de refugiados y aceptados por el Gobierno mexicano”. Después de concederse el asilo a estos sobrevivientes, el Ejército mexicano, que se había instalado en la frontera, se retiró. “Entonces abrió las puertas de nuevo, comprendieron que no venían a buscar trabajo en el país”, sino que huían de la represión.
Sin embargo, los miembros de otro grupo que no logró refugiarse en México y que se encontró con las patrullas guerrilleras que operaban en ese área fueron reclutados por la insurgencia y algunos organizados en “milicias”, cuyo trabajo cotidiano consistía en la protección de la milpa, la caña y otros alimentos, el abastecimiento y la atención médica a los combatientes. Las milicias se denominaron “Comunidades Populares de Producción y Defensa” y después “Comunidades Populares en Resistencia-Petén” (CPR-P).
Un ex miembro de las FAR atestiguó cómo el grupo guerrillero aprovechó este fenómeno de desplazamiento forzado para reclutar gente de las cooperativas afectadas: “…Busquemos a los muchachos a ver si los hallamos, y aunque no nos conocieran, y aunque nunca hayan sido colaboradores, busquemos a los muchachos a que nos apoyen. Y muchas veces que nos topamos con ellos ahí en esas desbandadas podríamos decir lo primero que dijeron: ‘Muchá, aquí habemos tantos y queremos armas, y nos vamos a incorporar y vamos a echarles punta a estos jodidos”.
Por su parte, un desplazado de esas cooperativas convertido en combatiente, recuerda por qué se incorporó a la guerrilla, “En primer lugar fue porque el Ejército había matado a mi papá, entonces eso ya guarda uno un rencor, ni modo hay que hacer algo, eso por un lado, por otro lado, si no me metía ahí era para que me dieran muerte en cualquier momento. Entonces dije yo, mi único chance es aquí. O salgo vivo o muero, pero voy a morir con arma”.
Otro ex combatiente afirmó “…Antes de la masacre del Arbolito si mucho contábamos con 30 combatientes … las FAR eran un pescadito. Después pasaron a ser el pez”.

III. CONCLUSIONES
La CEH, considerando todos los antecedentes reunidos en la investigación de este caso, llegó a la convicción de que efectivos del Ejército ejecutaron a civiles desarmados en violación de sus derechos humanos. Esta violación del derecho a la vida no admite justificación basada en la colaboración que las víctimas eventualmente hayan podido prestar a la guerrilla.
Además, la CEH llegó a la convicción de que efectivos del Ejército ejecutaron, fuera de combate, a presuntos integrantes de la guerrilla que no estaban armados, violando su derecho a la vida e infringiendo normas elementales del Derecho Internacional Humanitario.
En este mismo caso, la CEH concluyó que varias personas sufrieron violación de su derecho a la integridad física, mediante la tortura cometida por los mismos agentes del Estado.
Por otra parte, la CEH llegó a la conclusión de que numerosas personas sufrieron violación de su libertad de circulación y residencia, al ser objetivamente forzadas a abandonar sus hogares y lugar de trabajo, a raíz de una campaña vinculada al enfrentamiento armado interno.
En otro orden de consideraciones, la CEH estima que este caso ilustra una táctica utilizada por el Ejército para contrarrestar la base de apoyo civil a la insurgencia, la cual incluyó métodos ilegítimos de represión selectiva, que no sólo afectaron a quienes efectivamente colaboraban con la guerrilla, sino también al conjunto de las comunidades del área, como lo evidencia el éxodo masivo de la población.
El caso ilustra, también, cómo población civil que no era parte en el enfrentamiento terminó involucrada en el mismo, primero como víctima y luego como colaboradora activa de una de las partes, fenómeno, este último, que agudizo dicho enfrentamiento en Petén.


LISTADO DE LAS VÍCTIMAS

Ejecución arbitraria, tortura
Carmen Rodas Rodas
Daniel Damasio Rodas Juárez
Erasmo Aguilar
Fausto Escobar
Luis Cardona
Luis Cifuentes
Noe Aguilar
Raúl Rodas
René Mejía Carreto
Vidaul Rodas Avila

Ejecución arbitraria, tortura, privación de libertad
Erazmo González
Desaparición forzada, tortura, privación de libertad
Benjamín Maldonado
Socorro Martínez
Cruz Sánchez

Torturas, privación de libertad
Bonifacio Rodas Godínez
Delfino Cardona
Fausto Bravo
Felicito Acuña
Pedro Hernández
Reginaldo Aguilar López
Sostenes Cifuentes Flores

Víctimas colectivas/desconocidas: 47

Fuente: CEH, Guatemala memoria del silencio.

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